“ “El fundamentalismo de mercado neoliberal, siempre ha sido una doctrina política que sirve a determinados intereses. Nunca ha estado respaldada por la teoría económica. Y, como debería haber quedado claro, tampoco está respaldado por la experiencia histórica. Aprender esta lección tal vez sea un rayo de luz en medio de la nube que ahora se cierne sobre la economía mundial”. J.E. Stiglitz. Premio Nóbel de Economía 2001.... ......................................NOTICIAS.....................................

Dos miradas sobre el Nuevo Capitalismo

Roberto Mangabeira Unger es el ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil. Es el hombre que eligió el presidente Lula da Silva para planear el largo plazo. Hans Küng es un filósofo y teólogo ampliamente reconocido 

27-02-2009 – ComunicaRSE–El funcionario brasileño sostiene que debemos reorganizar las instituciones de la economía de mercado, empezar por las instituciones que reestablezcan el vínculo entre financiación y producción, para asegurar que el ahorro de la sociedad se movilice hacia la inversión productiva, en vez de participar en un casino financiero. 

Por su parte, Küng, propone un nuevo sistema económico en el que “nadie tiene derecho a robar o desposeer de manera alguna a otra persona o a la comunidad. Más aún, nadie tiene derecho a utilizar sus posesiones sin considerar las necesidades de la sociedad y el planeta”. 

Roberto Mangabeira Unger 

Las relaciones de trabajo y de capital deben cambiar. Tenemos tres grandes problemas.  

Primero, la mitad de los trabajadores de Brasil y el 40 por ciento de los argentinos está en la economía informal. Es una calamidad, un escándalo, no sólo económico, sino moral. Es necesario blanquear esta situación, financiando los derechos de los trabajadores con tributos generales.  

Segundo, en la economía formal hay una gran parte de empleados con trabajos temporarios, precarios. Es necesario construir una nueva tutela jurídica para eso.  

El tercer tema es la participación de los salarios en la renta de ambos países. Tenemos que revertir esa caída con nuevas instituciones. No basta con influir en el salario nominal. Por ejemplo, hay que dar algo que está en nuestras constituciones y es letra muerta, que es la participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas. Estos son ejemplos de lo que llamo democratizar la economía de mercado.  

Son ejemplos de innovaciones institucionales limitadas que, en su efecto acumulativo y combinado, cambian radicalmente las cosas y dan contenido a ese tercer proyecto alternativo a los que imperan en el mundo.  

El primer tema es la necesidad de enfrentar y superar los desequilibrios estructurales de la economía mundial entre economías superavitarias en comercio y ahorro, como China, y economías deficitarias en ambos aspectos como Estados Unidos.  

El motor del crecimiento mundial ha sido en estos años esa dupla que se complementaba. Pero ese motor se ha destruido y hay que cambiar el paradigma.  

La regulación de los mercados financieros es la punta del iceberg de un tema más profundo, que es reorganizar la relación entre el sistema financiero y producción. El sistema productivo en gran medida se autofinancia, con reinversión de utilidades. Para qué sirve entonces todo ese dinero que da vuelta en las Bolsas.  

Debemos reorganizar las instituciones de la economía de mercado, empezar por las instituciones que reestablezcan el vínculo entre financiación y producción, para asegurar que el ahorro de la sociedad se movilice hacia la inversión productiva, en vez de participar en un casino financiero. 

Hans Küng 

La nueva arquitectura financiera es una demanda y una necesidad que debe estar sostenida sobre un conjunto de valores globales capaces de superar la avaricia y la soberbia. 

Muchos dicen que la crisis financiera mundial no se podía haber previsto. Quizás no por los financistas y economistas, pero otros que observaban lo que ocurría en los mercados estaban más que preocupados.  

Ya en 1997, planteé mi preocupación de que se repitiera un colapso del sistema económico similar al de 1929-1933 en mi libro “Una ética mundial para la economía y la política”. En ese entonces ya aventuraba el que para los economistas era un planteamiento herético: que la teoría del caos se debía aplicar a la economía; que de las más pequeñas causas pueden derivar efectos devastadores. 

Contrariamente a muchas predicciones de los expertos económicos, la crisis no se ha limitado al sector financiero. En lugar de ello, está generando un efecto masivo sobre la economía real, afectando con especial dureza a las industrias del automóvil y los productos químicos. En contraste con 1929, no se está limitando el crédito; por el contrario, se está insuflando dinero público a los bancos y a la economía. Sin embargo, estas medidas serán exitosas sólo si no se toman de manera aislada y populista. 

En lugar de ello, deber ser parte de un plan general convincente, que combine una intervención estatal responsable con el alivio de las cargas financieras de los ciudadanos comunes y corrientes, así como ahorrar en los presupuestos públicos. Una deuda estatal de límites imprevisibles -que han de pagar las generaciones futuras- no es una solución viable ni ética. Afortunadamente, hay señales de que la mentalidad general que contribuyó a propagar la crisis está cambiando. 

En los países industrializados ricos, tras una época de conducta miope y cínica de buscar las mayores ganancias posibles, es posible que estemos en los comienzos de una nueva era de modestia y sostenibilidad. Las compañías enfrentan una creciente presión para comportarse éticamente, y por fin se castiga el comportamiento empresarial poco ético. 

Sin embargo, la ética no es sólo la guinda del pastel ni una adición incidental en la economía de mercado global. En lugar de ello, la nueva arquitectura financiera que muchos demandan hoy, y que se necesita con urgencia, debe estar sostenida por un marco ético. Los fatales instintos humanos de la avaricia y la soberbia sólo se pueden dominar mediante algunas normas éticas elementales. ¿Qué contendría este marco ético? Un párrafo de la Declaración hacia una Ética Global del Parlamento de las Religiones del Mundo en Chicago en 1993 señala lo siguiente: “En las grandes religiones y tradiciones éticas de las antigüedad encontramos la directriz: ¡No robarás! O, en términos positivos: ¡Haz tratos de manera justa y honesta! 

Nadie tiene derecho a robar o desposeer de manera alguna a otra persona o a la comunidad. Más aún, nadie tiene derecho a utilizar sus posesiones sin considerar las necesidades de la sociedad y el planeta. Ser auténticamente humanos, en el espíritu de nuestras grandes religiones y tradiciones éticas significa lo siguiente: a) Debemos utilizar el poder económico y político para servir a la humanidad, en lugar de desperdiciarlo en implacables batallas por la dominación. Debemos desarrollar un espíritu de compasión por quienes sufren, prestando especial atención a los niños, los ancianos, los pobres, los discapacitados, los refugiados y quienes se encuentran abandonados; b)(Copyright Clarín y Project Syndicate/Institute for Human Sciences, 2009)