“Krugmanator”
mar 19, 2009
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El lunes tuvimos la visita del último premio Nobel de economía, Paul Krugman, en el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Su conferencia se encuadró en unas jornadas que se realizaban para conmemorar el nacimiento de Darwin. Mr Krugman, en mi opinión, hizo lo que debe hacer todo experto en economía, llegó, explico su cosa y se fumó un puro con el auditorio, Presidente del Gobierno incluido. Tras escucharle, tenemos claro lo que el último premio Nobel de Economía piensa de la situación actual:
1. Es la más fea desde el año 29.
2. Todos deberíamos gastar más para salir de ella, sobre todo Europa donde Alemania está algo rácana (Alemania pesa casi el 30% de la economía de la Eurozona).
3. España, piensa Krugman, lo tiene algo más difícil que los demás porque no puede devaluar para que sus exportaciones tiren del crecimiento.
4. Es el momento de soluciones creativas y valientes, porque lo que hasta ahora ha valido, ya no sirve.
Krugman sostiene que estamos en la peor crisis desde hace 70 años, y para ello se apoya en el deterioro de los datos de crecimiento del PIB, en el endeudamiento de las administraciones públicas, en las previsiones de crecimiento mundiales etc. Su caso está bien montado, que para eso es premio Nobel, y no seré yo el que a grandísimos rasgos le diga que su escenario de crecimiento mundial paupérrimo no tiene soporte. Le preocupa especialmente el hecho de que la crisis sea generalizada y el hecho de que no haya mucho margen para bajar los tipos de interés.
Uno tiene alguna reserva más en sus pronósticos para la economía nacional, máxime porque seguramente el señor Krugman no es un experto en tal materia –como la mayor parte de los que hablan del asunto, por cierto- y desconozca muchas particularidades al respecto que pudieran haber matizado notablemente su pronóstico. Por ejemplo, si su tesis central era que los gobiernos europeos y americano están gastando poco, un detallito para la economía nacional, que es de las pocas cuyo gasto para actuar contra la crisis supera el 2% de su PIB, no hubiera sido de mal tono ni comprometido su independencia.
Asimismo Krugman, en su frase de cierre de la conferencia, que básicamente se resume en el punto 4, aboga por la bendita heterodoxia, atreverse a hacer lo prohibido, a ser creativo e innovador.
Esta perspectiva es sumamente liberadora, la política económica ha pasado treinta años en los que el remedio para las caídas cíclicas era privatizar empresas públicas y reducir impuestos, las políticas de fomento del crecimiento eran privatizar empresas públicas y reducir impuestos, lo que había que hacer en los momentos de crecimiento tibio era privatizar empresas públicas y reducir impuestos y, ante la duda, si no se sabía exactamente qué hacer, había que decantarse por…sí, efectivamente, lo han adivinado.
La receta más escandalosa que Krugman sugiere a la economía nacional es, atención, que debemos hacer un esfuerzo en bajar los salarios. Así, un lunes a la hora del café, con el presidente de un gobierno socialista ahí sentadito a unos metros y con una semana de puente en ciernes, será cenizo el tío. Qué temple da estar en un auditorio de gente encorbatada y que asiente con respeto a lo que uno dice, y no por ejemplo, estar en una reunión de la comunidad de vecinos, donde uno pone su integridad física como respaldo de cualquier opinión que sostenga, y, sobre todo, donde tu auditorio sabe perfectamente donde vives.
Krugman no dice esto porque sea un señor antipático ni porque le guste poner en un aprieto a Zapatero. Krugman tiene esta posición porque piensa que el disparador del crecimiento nacional debe pasar por las exportaciones de bienes o servicios, cuyos precios estima que han crecido más rápido que los de nuestros competidores europeos a tenor del diferencial de inflación que España ha experimentado con el resto de la Zona euro desde que nos incorporamos a ésta en 1998. Al haber crecido más rápido y no poder devaluar nuestra moneda, no podemos recuperar esa ventaja perdida en los últimos años.
Hay dos maneras de recuperar este diferencial de inflación con Europa: uno es que, aún creciendo todos, la zona euro experimente un crecimiento de sus precios más rápido que el nuestro. Krugman, a tenor de que parece que el año que viene pinta universalmente feo, no apuesta mucho por este escenario.
Otra manera de conseguir limar esta diferencia es, dado que no crecemos ninguno, conseguir que los costes de los productos españoles desciendan. Como una parte muy significativa de los costes de algo son los salarios que se pagan por producirlo, ayuda a reducir los costes el reducir los salarios. Asimismo, siempre, como segundo plato del menú, se apuesta por el fomento de la innovación tecnológica y, en general, de cualquier medida que ayude a aumentar la productividad del trabajo. Mediante la productividad se consigue un efecto similar al de bajar los salarios, ya que conseguimos que con los mismos trabajadores obtengamos mayor cantidad de producto.
Creo que Krugman admitiría algún que otro matiz a sus conclusiones si se le habla de que la inflación española es muy distinta en Bienes Industriales que en Servicios, o también si se le comenta la influencia en el IPC de la diferente tributación de los derivados del petróleo, que hace que la inflación nacional crezca más rápido en contextos de encarecimiento de los productos energéticos, y puede que de dos o tres cosillas más, pero dejemos esto en el terreno de lo hipotético y asumamos que su análisis es completamente cierto. ¿Es factible o deseable hacer algo al respecto?
Sorprendentemente, se puede hacer algo en esta dirección sin ser “Krugmanator el rebajasueldos” y amargarnos a todos la vida.
En un contexto de alto endeudamiento de las familias y de retracción del consumo, es cuestionable que deban bajarse así porque si, los salarios de la gente. Puede ser muy efectivo para la competitividad exterior, pero muy negativo en términos de demanda nacional, y tampoco parece este un escenario especialmente deseable. Al fin y al cabo, el consumo está cerca de ser los dos tercios del PIB y no es plan de tirarlo por la ventana.
Sin embargo hay otra opción, parece que vamos a tener un 2009 con inflación negativa. Esto significa que, a lo largo de este año, el nivel general de los precios va a descender dotando a los salarios de mayor poder adquisitivo.
Este escenario es completamente distinto al que hemos vivido casi en los últimos treinta años, y no debería desaprovecharse. La situación es especialmente relevante en el proceso de negociación colectiva para el año entrante, pueden obtenerse suficientes rendimientos en términos de mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios con subidas menores que en años anteriores. Si tradicionalmente se ha partido de un aumento inicial del 2%, con derecho activar cláusulas de revisión si la cifra final de inflación era superior, parece que este año podríamos obtener los mismos resultados en términos de mantenimiento del poder adquisitivo arrancando de aumentos salariales iniciales menores, incluso se obtendrían ganancias.
Siendo estos aumentos salariales iniciales menores, estamos metiendo menos presión a los precios de los productos y así ganamos un plus de competitividad. Podemos satisfacer a Krugman sin fastidiarnos demasiado a nosotros mismos.
Por supuesto, la adopción de esta medida no suple el gasto productivo, los esfuerzos en infraestructuras, los incrementos del gasto en I+D+i, ni otras medidas de gasto similares. Asimismo, no va a colocar los costes salariales españoles al nivel de los de Centroeuropa, ni falta que hace, pero en tiempos delicados no hay que renunciar a tomar todas las medidas que puedan favorecer el salir antes de una situación difícil. Aunque Krugmanator no lleve toda la razón, tampoco está tan mal escuchar lo que un premio Nobel tenga que decir.

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